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Ruán: la ciudad de los cien campanarios.

Dicen que Ruán es la ciudad de los cien campanarios. Me parece una exageración aunque la flecha de la catedral que se eleva hasta los 151 metros (más alta que la pirámide Keops) valga por si sola unos cincuenta. Y si le sumamos las propias torres de la catedral, las agujas de la abadía de Saint Ouen, la aguja de la iglesia de Saint Maclou y algún que otro pináculo de los que rematan casonas y palacios y que sobresalen por encima de los tejados quizás las cuentas no estén tan equivocadas.

Si Ruán tiene tantos campanarios es porque desde la más remota antigüedad fue un sitio estratégico situado a orillas del Sena, cerca ya de su desembocadura, lo que hizo del enclave un lugar codiciado por diversos pueblos a lo largo de la historia: los romanos, los vikingos o “hombres del norte”, que instalaron aquí su capital en el siglo IX, los franceses que se la disputaron durante siglos a los ingleses del otro lado del Canal (una víctima de estas guerras fue Juana de Arco que murió en la hoguera en la plaza del mercado de Ruán el 30 de mayo de 1341), los alemanes que la ocuparon durante la IIª Guerra Mundial, lo que llevó a los Aliados a bombardear duramente la ciudad causando numerosas víctimas y dañando múltiples monumentos.

Por suerte, a pesar de todos estos avatares de la historia, Ruán es hoy en día una ciudad moderna que forma un gran núcleo urbano densamente poblado: la “Métropole Rouen Normandie” con cerca de 500.000 habitantes. 

Y también a pesar de la tumultuosa historia se conservan importantes monumentos. Ya he hablado de la catedral. Es cierto que la aguja atrae inexorablemente la mirada  pero sinceramente me impresionó más la fachada ya que sobre ella se pueden apreciar, sobre todo al atardecer, los cambios de luz que Monet intentó captar en su serie de cuadros consagrados a la misma, alguno de los cuales se conservan en el Museo de Bellas Artes de la ciudad junto con otros importantes ejemplos del impresionismo.

Cerca de allí se alza el soberbio “Gros Horloge”, un precioso reloj astronómico del siglo XIV construido en la fachada de un pabellón que se alza sobre un arco. En el intradós del mismo una imagen del Buen Pastor símbolo de la ciudad que prosperó entre otras cosas gracias al comercio de lanas y paños.

Otros lugares impactante son la plaza del Antiguo Mercado en la que fue quemada Juana de Arco así como las dependencias del palacio arzobispal en donde estuvo presa y fue juzgada y condenada. La presencia de la santa patrona de Francia se percibe por toda la ciudad y su imagen se puede encontrar tanto en una caja de bombones llamados “Larmes de Jeanne d’Arc” como en un grafito ejecutado raspando la suciedad acumulada sobre la piedra de un muro. 

El palacio de Justicia es un magnífico edificio en el que se mezclan el arte del gótico y del renacimiento y en el que se aprecian claramente las huellas de los bombardeos de la IIª Guerra Mundial. 

Otro edificio renacentista con un nombre imposible de pronunciar, es el Hôtel de Bourgtheroulde, en el que tras una fachada de cuento encontramos un patio lleno de magníficos bajorrelieves y otro patio cubierto y remozado en el que los huéspedes y los visitantes pueden degustar un cóctel mientras se pasean sobre las claraboyas que dan luz a una piscina subterránea. 

Bajorrelieve del patio del Hôtel de Bourgtheroulde

Y rodeando todos estos monumentos un sinfín de casas de entramado (maisons à colombage) testimonio tanto de la vida de ruaneses famosos como el dramaturgo Corneille, el novelista Flaubert o el presidente de la República François Hollande como de la gente corriente. Son estas personas las que dan encanto a la ciudad en calles como la rue Lafayette llena de peluquerías, en bares para gatos como el café “Moustache” o el “Le Deli Cat” o haciendo voluntariado para dar de comer a las mascotas abandonadas.

Ruán, cien campanarios cuyas sombras protegen una ciudad dinámica y llena de “savoir vivre”. 

Ruán y el Sena

Francisco Vicente Calle Calle

2 comentarios

  1. Muchas gracias pour esta visita comentada de mi ciudad! No sabia que Rouen ténia una traduccion en castellano. Me encanta. La proxima vez que me volveré, tendréque descubrir Los «bars à chats» que nunca he visto. Senor Calle, es un «bravissimo» embajador de toda la Normandia aunque sea un ciudadano Español!

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